En 2025, el turismo regenerativo se posiciona como una alternativa revolucionaria frente al turismo convencional y sostenible. Este modelo no solo busca minimizar el impacto ambiental, sino sanar y revitalizar los territorios que toca. Inspirado en principios de la economía circular y el diseño regenerativo, promueve experiencias que benefician tanto al viajero como a las comunidades anfitrionas. Países como Costa Rica, Nueva Zelanda y Colombia lideran esta transformación, integrando prácticas como reforestación, agricultura regenerativa y educación ambiental en sus ofertas turísticas. El viajero deja de ser espectador y se convierte en agente de cambio, participando activamente en la conservación y el desarrollo local.
Más allá de la sostenibilidad, esta tendencia busca revitalizar ecosistemas y empoderar a las poblaciones locales
A nivel económico, el turismo regenerativo impulsa modelos más equitativos y resilientes. Las empresas del sector priorizan el comercio justo, la contratación local y la cocreación de experiencias con las comunidades. Esto genera empleo digno, fortalece la identidad cultural y promueve la redistribución de beneficios. Además, destinos que adoptan este enfoque tienden a fidelizar a los visitantes, quienes valoran la autenticidad y el impacto positivo de su viaje. En un mundo que busca nuevas formas de relacionarse con el entorno, el turismo regenerativo representa una evolución necesaria: viajar no solo para disfrutar, sino para sanar, aprender y construir futuro.