A pesar del auge de los deportes de invierno a nivel global, el curling sigue siendo una disciplina exótica y casi invisible en la península ibérica. En pleno 2026, la pregunta persiste: ¿por qué no hay curling en España? La respuesta principal reside en la falta de infraestructuras dedicadas. A diferencia de potencias como Escocia o Canadá, España carece de pistas de hielo con las condiciones de humedad y temperatura específicas que este «ajedrez sobre hielo» requiere. Los intentos por consolidarlo han sido calificados a menudo como «imposibles» debido a los altos costes de mantenimiento del hielo especializado. Sin embargo, la pasión de unos pocos ha llevado a situaciones casi surrealistas, donde el deporte sobrevive gracias a la inventiva de aficionados que se niegan a dejar morir las piedras de granito en un país de sol y playa.
La odisea de las infraestructuras: De centros comerciales a lagos helados
La historia del curling español está llena de anécdotas de resistencia. Durante años, el epicentro de este deporte fue una pista en un centro comercial, donde los jugadores debían esperar a que los patinadores recreativos terminaran su turno para intentar deslizar las piedras sobre un hielo que rara vez cumplía con los estándares profesionales. En este 2026, la falta de apoyo institucional ha llevado a extremos pintorescos, como el caso de los amigos que intentan jugar en un pantano helado durante los picos de olas de frío en el Pirineo o la Sierra de Madrid. Aunque la técnica en estas condiciones es deficiente debido a las irregularidades del hielo natural, estos grupos representan la esencia pura del deporte: la convivencia y la estrategia por encima de las limitaciones físicas y económicas.
El futuro del curling español: Resiliencia y nuevas promesas
A pesar de los obstáculos, el curling en España no se rinde en este 2026. La selección nacional ha logrado resultados sorprendentes en campeonatos europeos, compitiendo contra países que tienen cientos de pistas dedicadas. Este éxito se debe a la tenacidad de los clubes locales que, cansados de los intentos «imposibles», han comenzado a profesionalizar la gestión de sus pocos recursos. La clave del futuro parece estar en la creación de centros de alto rendimiento multideportivos que incluyan el curling como una opción viable. Mientras tanto, la imagen de esos amigos lanzando piedras en un pantano bajo el frío invierno español sigue siendo un recordatorio de que, mientras haya una piedra y un cepillo, el espíritu de este deporte encontrará un camino, por difícil que parezca el terreno.




