Mientras que gran parte de Europa y Occidente endurecen sus fronteras en este inicio de 2026, el país ibérico ha consolidado una postura radicalmente distinta. La gran pregunta es por qué España apuesta por una política migratoria abierta en un momento de auge del proteccionismo global. La respuesta no es solo ideológica, sino profundamente pragmática: España enfrenta un desafío demográfico sin precedentes con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. El Gobierno, mediante la reciente reforma del Reglamento de Extranjería que entró en vigor plenamente en mayo de 2025, ha entendido que la llegada de nuevos ciudadanos es la única vía para sostener el sistema de pensiones y garantizar el crecimiento del PIB, que ya roza los 50 millones de habitantes gracias, en gran medida, al flujo migratorio.
El modelo de «regularización masiva» y la economía del talento
A diferencia de sus vecinos, que priorizan la externalización de fronteras, España ha implementado en este 2026 procesos de regularización extraordinaria que benefician a más de medio millón de personas. El éxito de este modelo reside en la flexibilización de los permisos de trabajo y residencia, permitiendo que miles de extranjeros pasen de la economía sumergida a cotizar en la Seguridad Social. Sectores estratégicos como la hostelería, la construcción y los cuidados dependen hoy de esta mano de obra joven, mayoritariamente de origen latinoamericano. Además, el país se ha posicionado como el mejor destino para nómadas digitales y talento cualificado, simplificando la burocracia para que la transición de un visado de estudios a uno de trabajo sea casi automática, eliminando el antiguo «doble sello» y agilizando la contratación en origen.
Un faro de humanidad y seguridad jurídica en una Europa blindada
La estrategia española no solo busca el beneficio económico, sino que se proyecta como un modelo de humanidad y seguridad jurídica. Al facilitar el arraigo «de segunda oportunidad» y la reagrupación familiar ampliada (hasta los 26 años para hijos), el Estado fomenta una integración real que previene la exclusión social. En este febrero de 2026, mientras otros países europeos aplican controles biométricos restrictivos en el espacio Schengen, España utiliza la tecnología para digitalizar procesos y reducir los tiempos de espera en las oficinas de extranjería. Al final del día, la política abierta de España demuestra que gestionar la migración de forma regular y segura es la mejor herramienta para combatir la irregularidad, convirtiendo un fenómeno global complejo en una oportunidad de oro para rejuvenecer la nación.




