El Metropolitano vivió este viernes una de esas veladas que se cuentan de generación en generación. Fue una noche histórica y un Atleti inolvidable, donde los del Cholo despedazaron a un Barça irreconocible e incapaz en la ida de las semifinales de la Copa del Rey con un partido perfecto de principio a fin. Desde el pitido inicial, la intensidad rojiblanca asfixió a un conjunto azulgrana que deambuló por el césped sin respuestas tácticas ni orgullo competitivo. La presión alta diseñada por Simeone funcionó como un mecanismo de relojería, provocando el caos en la salida de balón catalana y transformando el estadio en una caldera que devoró cualquier intento de resistencia visitante. Fue una exhibición coral donde la estrategia se encontró con el hambre de gloria, dejando la eliminatoria prácticamente sentenciada antes de viajar al Camp Nou.
Un festival de goles que sentenció la ida de semifinales
La superioridad colchonera se tradujo rápidamente en el marcador, reflejando una diferencia de fuerzas abismal. La debacle azulgrana comenzó con un infortunio de Joan García en propia puerta, un error que abrió las compuertas para el vendaval que estaba por venir. Lejos de conformarse, el Atlético de Madrid olió la sangre y se lanzó al ataque con una verticalidad letal. Antoine Griezmann, ejerciendo de líder espiritual y futbolístico, puso el segundo con una definición de clase mundial que hizo estallar a la grada. El Barcelona, noqueado y sin brújula, solo pudo observar cómo la dupla ofensiva formada por Lookman y Julián Álvarez completaba la goleada. Ambos delanteros mostraron una voracidad insaciable, firmando el tercer y cuarto tanto respectivamente, sellando así un 4-0 que deja al proyecto de Hansi Flick al borde del abismo en la competición copera.
El Metropolitano se rinde ante la perfección táctica de Simeone
Lo más destacado de esta gesta no fue solo el abultado resultado, sino la sensación de control absoluto que exhibieron muchos de los jugadores locales. Fue el partido soñado por el «Cholismo»: una defensa de granito, transiciones a la velocidad del rayo y una efectividad de cara a puerta que rozó la excelencia. El Atleti no solo ganó, sino que humilló futbolísticamente a un rival directo, reafirmando que, en noches de eliminatoria, el ADN del club es capaz de alcanzar cotas de brillantez inalcanzables para otros. Con este Atleti inolvidable, la afición se permite soñar con un nuevo título, sabiendo que este 4-0 es un mensaje de autoridad enviado a todo el fútbol europeo. La vuelta será un trámite si los guerreros de Simeone mantienen este nivel de compromiso y eficacia que hoy los ha elevado al altar de la historia del club.




