En 2025, la moda ha dejado de ser solo estética para convertirse en una herramienta de activismo social. Diseñadores como Stella McCartney lideran el movimiento sostenible, rechazando el uso de pieles y cuero, y promoviendo materiales ecológicos con bajo impacto ambiental. Por su parte, Virgil Abloh, con su marca Off-White, abrió espacios para la diversidad racial y de género, utilizando sus desfiles como manifestaciones culturales. Marcas emergentes como Brother Vellies y Pyer Moss también han tomado postura: Aurora James impulsó la iniciativa 15 Percent Pledge, mientras Kerby Jean-Raymond ha narrado historias de la diáspora africana y denunciado la brutalidad policial a través de sus colecciones.
Desde Stella McCartney hasta Pyer Moss, la industria se convierte en plataforma para la justicia, la inclusión y la sostenibilidad
Este enfoque activista ha redefinido el propósito de la moda, convirtiéndola en un vehículo de protesta y conciencia. Campañas como las de Levi’s por la equidad de género y las colaboraciones de Balenciaga en apoyo a refugiados demuestran que las marcas pueden ser agentes de cambio. Además, el auge del streetwear consciente ha conectado con generaciones jóvenes que buscan autenticidad y valores en lo que visten. En este nuevo paradigma, cada prenda cuenta una historia, y cada pasarela se convierte en un escenario para exigir justicia, celebrar la diversidad y construir un futuro más ético.