El panorama político de Venezuela ha dado un vuelco inesperado este martes 3 de febrero de 2026. En una declaración que ha resonado en las cancillerías de todo el mundo, María Corina Machado ha confirmado que está dispuesta a hablar con Delcy Rodríguez sobre la transición democrática del país. Tras la captura de Nicolás Maduro a principios de año y la designación de Rodríguez como presidenta encargada por el TSJ, la líder de la oposición ha dejado claro que su prioridad es establecer un cronograma claro que devuelva la soberanía al pueblo. Este movimiento no implica un reconocimiento de la legitimidad del actual gobierno interino, al que Machado sigue calificando como una extensión del sistema previo, sino una disposición pragmática para facilitar una salida pacífica y ordenada que ponga fin a la crisis institucional.
El cronograma de la transición: Reconocimiento del 28 de julio
La base de cualquier acercamiento entre ambas figuras políticas tiene un punto de partida innegociable para la oposición. Machado ha enfatizado que la disposición a dialogar es estrictamente para definir los pasos hacia una transición irreversible basada en el reconocimiento de los resultados electorales del 28 de julio de 2024. En este 2026, la presión internacional, especialmente tras las recientes reuniones en Washington con la administración de Donald Trump, parece haber forzado al oficialismo a sentarse en una mesa donde ya no se discute la permanencia en el poder, sino los términos de su salida. Según la líder opositora, «si es necesario intercambiar en algún encuentro para definir el cronograma de la transición, se hará», subrayando que el tiempo del régimen actual es «absolutamente temporal».
Desafíos y expectativas en un escenario de «máxima presión»
A pesar de la apertura al diálogo, el clima de desconfianza sigue siendo el mayor obstáculo para este proceso. Al referirse a por qué Machado aceptaría hablar con Rodríguez, los analistas señalan que la oposición busca capitalizar la debilidad de un gobierno interino que, según palabras de la propia Machado, está «recibiendo órdenes» de la comunidad internacional más que gobernando por voluntad propia. En este contexto de 2026, la liberación de presos políticos y el cese de la represión son vistos como gestos obligatorios antes de que se formalice cualquier encuentro cara a cara. La meta final de este acercamiento es evitar un conflicto mayor y asegurar que Venezuela se convierta en un aliado estratégico de las democracias occidentales, cerrando un ciclo de décadas de autoritarismo.




