Los últimos perros de la Reina Isabel II, apartados por culpa del príncipe Andrés: «Permanecerán…»

El legado de la monarca más longeva de la historia británica sigue generando titulares, aunque esta vez por motivos agridulces. En este inicio de 2026, la atención se ha centrado en Muick y Sandy, los últimos perros de la Reina Isabel II, quienes han sido apartados por culpa del príncipe Andrés de la vida pública activa en el Royal Lodge. Tras el fallecimiento de la soberana, los famosos corgis quedaron bajo la custodia del Duque de York, pero las recientes restricciones protocolarias y la creciente sombra del ostracismo que rodea al príncipe han afectado incluso a los animales. Según fuentes cercanas a la casa real, los canes han dejado de aparecer en eventos benéficos y paseos oficiales, una decisión que ha despertado la nostalgia de los seguidores de la corona británica.

El destino de Muick y Sandy: ¿Por qué han sido confinados?

La razón detrás de este aislamiento responde a una reestructuración de la imagen pública de la familia real bajo el reinado de Carlos III. Al confirmarse que los perros «permanecerán…» en los terrenos privados del Duque sin posibilidad de participar en actos mediáticos, muchos analistas apuntan a que se busca evitar cualquier asociación visual entre los símbolos de la Reina y la figura de Andrés. En este 2026, la discreción es la consigna principal; los corgis, que antes eran embajadores informales del palacio, ahora viven una jubilación forzada. Expertos en comportamiento animal sugieren que, aunque están bien cuidados, el cambio de un entorno dinámico como el de Isabel II a la quietud del confinamiento en el Royal Lodge ha transformado la rutina de estos icónicos animales.

El fin de una tradición canina en la monarquía británica

Para los expertos en la Casa de Windsor, el hecho de que los últimos perros de Isabel II estén apartados marca el cierre de un capítulo emocional que duró más de siete décadas. En este febrero de 2026, mientras el príncipe Andrés lidia con sus propios desafíos de reputación, la «lealtad canina» se ha convertido en un tema delicado para el Palacio de Buckingham. La frase oficial de que los animales «permanecerán en la intimidad familiar» suena para muchos como una despedida definitiva de la presencia de los corgis en la iconografía real. Aunque su bienestar está garantizado por el patrimonio personal del Duque, el silencio que rodea a Muick y Sandy es un recordatorio de cómo las polémicas humanas pueden terminar afectando incluso a los seres más inocentes del palacio.

spot_imgspot_img

Selección del Editor

spot_imgspot_img