En 2025, la diplomacia corporativa ha dejado de ser una práctica discreta para convertirse en una herramienta clave de influencia global. Grandes empresas como Meta, Tesla y Huawei no solo negocian con gobiernos, sino que participan activamente en la formulación de políticas, la resolución de conflictos y la gestión de riesgos geopolíticos. Esta nueva diplomacia implica construir relaciones con actores públicos y privados, anticipar escenarios políticos y proteger intereses estratégicos en mercados volátiles. El rol del Chief Geopolitical Officer (CGO) emerge como figura esencial, integrando inteligencia global en la toma de decisiones empresariales.
Más allá del lobby, las compañías globales actúan como actores estratégicos en relaciones internacionales y políticas públicas
Además, las compañías utilizan think tanks, alianzas público-privadas y plataformas digitales para posicionarse en debates internacionales sobre sostenibilidad, ciberseguridad y comercio. En un mundo fragmentado, donde las tensiones entre potencias afectan cadenas de suministro y regulaciones, las empresas deben actuar con agilidad, ética y visión estratégica. La diplomacia corporativa ya no es solo gestión de reputación o lobby: es una forma de navegar la incertidumbre, influir en el entorno normativo y construir legitimidad en escenarios complejos. En esta nueva era, las empresas no solo compiten en el mercado, sino también en el terreno de la política global.