La inflación cultural es un fenómeno que refleja el aumento sostenido en los precios de productos creativos como arte, música, moda y diseño. Este encarecimiento no responde únicamente a la inflación económica general, sino a factores específicos del sector: la digitalización ha multiplicado la oferta, pero también ha elevado la demanda de experiencias únicas y personalizadas. En un mercado saturado, lo exclusivo se vuelve más valioso. Además, el auge de plataformas como NFTs, streaming y redes sociales ha creado nuevos modelos de monetización que elevan el costo simbólico y económico de lo creativo. La cultura se ha convertido en un activo, y su precio refleja tanto su impacto emocional como su potencial comercial.
Entre algoritmos, exclusividad y precariedad, el valor de lo creativo se redefine en la economía actual
Por otro lado, la precariedad laboral en las industrias culturales también influye en los precios. Muchos creadores independientes enfrentan costos crecientes de producción, distribución y visibilidad, lo que se traduce en precios más altos para sostener su trabajo. La inflación cultural no solo afecta al consumidor, sino que revela una tensión entre accesibilidad y sostenibilidad. En este contexto, pagar más por lo creativo no siempre significa lujo, sino reconocimiento del valor humano detrás de cada obra. La cultura, más que nunca, exige inversión consciente para seguir floreciendo.