En 2025, la economía azul se consolida como una estrategia clave para el desarrollo sostenible, aprovechando los recursos marinos sin comprometer su salud ecológica. Países como España, Noruega y Costa Rica han impulsado sectores emergentes como la energía mareomotriz, la biotecnología marina y el turismo costero responsable, generando empleo y valor añadido sin agotar los ecosistemas. Según la Unión Europea, estas actividades ya emplean a más de 4,8 millones de personas y generan cerca de 890.000 millones de euros en facturación anual. La economía azul no solo incluye pesca y transporte marítimo, sino también innovación tecnológica, restauración de hábitats y producción de alimentos sostenibles.
Energía renovable, biotecnología marina y turismo responsable lideran el cambio hacia un modelo económico más verde
Empresas como Ecoalf en España y Mud Jeans en Países Bajos demuestran que es posible combinar rentabilidad con responsabilidad ambiental. En América Latina, iniciativas como la reutilización de residuos industriales en México y la moda sostenible en Brasil muestran el potencial transformador del océano. Además, la economía azul promueve la resiliencia climática, la diversificación productiva y la cohesión territorial, especialmente en zonas costeras vulnerables. Con políticas públicas adecuadas y alianzas público-privadas, los océanos pueden convertirse en el eje de una nueva era económica más equitativa, regenerativa y conectada con el planeta.