En un giro determinante para su política energética, el gobierno nipón ha tomado una decisión que genera tanto esperanza como una profunda división social. En este febrero de 2026, Japón reinicia la planta nuclear más grande del mundo, la central de Kashiwazaki-Kariwa, operada por Tokyo Electric Power Co. (TEPCO). Esta reapertura se produce bajo la persistente sombra del desastre de Fukushima de 2011, un trauma nacional que llevó al apagón nuclear de casi todo el país. La reactivación de este gigante, que cuenta con una capacidad instalada neta de aproximadamente 7,965 megavatios, busca estabilizar la red eléctrica nacional y reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados, cuyos precios han alcanzado niveles récord debido a las tensiones geopolíticas actuales.
Medidas de seguridad extremas: El nuevo estándar post-2011
La puesta en marcha de los reactores no ha sido un proceso sencillo ni rápido. Para convencer a la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA), TEPCO ha tenido que implementar las medidas de seguridad más estrictas del planeta. Al analizar cómo Japón reinicia la planta nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, destaca la construcción de muros de contención contra tsunamis mucho más elevados y sistemas de refrigeración de emergencia redundantes que pueden operar incluso en caso de una pérdida total de energía eléctrica externa. En este 2026, la planta también cuenta con nuevos protocolos contra ataques terroristas y desastres sísmicos mejorados, buscando mitigar el escepticismo de una población que aún recuerda las imágenes de la crisis nuclear anterior y exige garantías absolutas de protección ambiental.
El futuro energético de Japón: Entre la descarbonización y el miedo
Para finalizar, el retorno de la energía atómica a gran escala marca un hito en el compromiso de Japón de alcanzar la neutralidad de carbono para mediados de siglo. Aunque el reinicio de la planta nuclear más grande del mundo es visto por los sectores industriales como un paso necesario para la competitividad económica en 2026, los grupos ecologistas y las comunidades locales mantienen una vigilancia constante. El desafío para el gobierno será demostrar que la coexistencia entre la tecnología nuclear y la seguridad pública es posible en una de las regiones más sísmicas del mundo. Con el reactor número 7 liderando esta nueva era, Japón se encamina hacia un modelo híbrido donde la energía nuclear servirá de base para complementar el crecimiento de las renovables, intentando finalmente dejar atrás el fantasma de Fukushima.




