El secreto en sus huesos: Un crecimiento prolongado

Hasta hace muy poco, la ciencia creía que el rey de los lagartos tiranos alcanzaba su tamaño máximo de forma explosiva durante su adolescencia, deteniéndose alrededor de los 25 años. Sin embargo, en este enero de 2026, un estudio revolucionario publicado en la revista PeerJ ha dado un vuelco a esta teoría. Se ha confirmado que el T. rex creció lentamente: un estudio reveló que el «rey de los dinosaurios» vivió hasta los 40 años, extendiendo su periodo de desarrollo físico 15 años más de lo que se estimaba. Mediante el análisis de anillos de crecimiento óseo en 17 especímenes distintos, utilizando luz polarizada para detectar marcas antes invisibles, los investigadores de la Universidad Estatal de Oklahoma han demostrado que estos colosos seguían añadiendo masa corporal de forma constante y gradual hasta bien entrada su cuarta década de vida.

Ventaja evolutiva: El rol ecológico de los jóvenes tiranosaurios

Este descubrimiento no solo cambia la cronología biológica del animal, sino que redefine su éxito como depredador alfa. Al confirmarse que el T. rex tardaba 40 años en alcanzar su tamaño adulto, los paleontólogos sugieren que esta fase de crecimiento prolongada permitía a los ejemplares jóvenes ocupar nichos ecológicos diferentes a los de los adultos de ocho toneladas. Mientras que un T. rex de 40 años era una fuerza de la naturaleza lenta y demoledora, los subadultos de 15 o 20 años eran corredores ágiles que cazaban presas más veloces. Esta diferenciación evitaba la competencia interna por el alimento, permitiendo que múltiples generaciones de tiranosaurios coexistieran y dominaran los ecosistemas del Cretácico tardío con una eficiencia sin precedentes.

El «abuelo» de los dinosaurios: Longevidad y resiliencia en 2026

En conclusión, la imagen del Tyrannosaurus rex como una criatura de vida corta y crecimiento acelerado ha quedado en el pasado. El hecho de que el «rey de los dinosaurios» viviera hasta los 40 años lo sitúa en una escala de longevidad mucho más cercana a los grandes mamíferos modernos que a los reptiles convencionales. Este estudio, que representa el conjunto de datos más grande jamás recopilado sobre la especie, demuestra que el T. rex era una criatura extremadamente resiliente, capaz de ajustar su ritmo de crecimiento según la disponibilidad de comida. En este 2026, entender que el T. rex era un «desarrollador tardío» nos permite apreciar la complejidad biológica de un animal que, tras millones de años, sigue demostrando por qué ostenta legítimamente su corona en la historia de la vida en la Tierra.

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