La ciencia ficción está cada vez más cerca de convertirse en una realidad palpable en nuestros ecosistemas. Se ha confirmado que un proyecto científico planea traer de vuelta a un gran felino desaparecido desde 1930: el tigre de Tasmania (o tilacino). Aunque técnicamente era un marsupial carnívoro, su apariencia y rol de superdepredador le valieron el apodo de «tigre». En este enero de 2026, la empresa de biotecnología Colossal Biosciences, en colaboración con la Universidad de Melbourne, ha anunciado avances significativos en la reconstrucción de su genoma. El último ejemplar conocido, «Benjamin», murió en cautiverio en 1936, pero gracias a muestras de ADN excepcionalmente conservadas, los investigadores están utilizando herramientas de edición genética como CRISPR para insertar secuencias de tilacino en células de sus parientes vivos más cercanos, como el dunnart de cola gorda.
Inversión récord en des-extinción: Un presupuesto de más de 100 millones
La magnitud de este desafío requiere una infraestructura financiera a la altura de sus ambiciones. Se estima que el consorcio detrás del regreso del tigre de Tasmania ha movilizado una inversión que supera los más de 100 millones de dólares. Este capital, proveniente de fondos de capital riesgo y figuras prominentes de la tecnología en este 2026, no solo financia la edición genética, sino también el desarrollo de úteros artificiales y tecnologías de gestación para marsupiales. El objetivo no es solo crear un ejemplar de exhibición, sino establecer una población viable que pueda ser reintroducida en la naturaleza. Los defensores del proyecto argumentan que esta inversión masiva es necesaria para corregir un error histórico de la humanidad, devolviendo el equilibrio a las selvas de Tasmania mediante la reinstauración de su depredador alfa original.
Desafíos éticos y ecológicos: El debate en el horizonte de 2026
En conclusión, el regreso de este icónico depredador plantea preguntas profundas sobre el futuro de la conservación en este siglo. Mientras que el hecho de que un proyecto científico planee traer de vuelta al felino desaparecido desde 1930 llena de esperanza a muchos, otros expertos advierten sobre los riesgos de «jugar a ser Dios». Para finales de 2026, el debate ético se centra en si el hábitat actual de Tasmania podrá soportar el regreso de una especie que lleva casi un siglo ausente. Sin embargo, el éxito tecnológico de este programa serviría como prueba de concepto para salvar a otras especies en peligro inminente. El tigre de Tasmania no es solo un objetivo biológico; es el símbolo de una nueva era donde la ciencia busca reparar el tejido mismo de la biodiversidad terrestre a través de la innovación radical.




