El plan de Donald Trump: Control estratégico del petróleo venezolano

En una declaración que ha sacudido los mercados energéticos globales este enero de 2026, el presidente Donald Trump ha asegurado que Estados Unidos podría supervisar la extracción de crudo en Venezuela «durante años». Tras la reciente operación militar que resultó en la captura de Nicolás Maduro, el mandatario estadounidense ha sido enfático en que la reconstrucción del país sudamericano se financiará de manera «muy rentable» a través de sus vastas reservas de hidrocarburos. El objetivo central de la administración es movilizar entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo que se encontraban bajo sanciones, enviándolos directamente a los muelles de descarga en Estados Unidos. Para Trump, este movimiento no solo busca estabilizar los precios internos de la gasolina, sino asegurar que los fondos generados sean controlados por Washington para evitar que caigan en manos de redes de corrupción, garantizando así una transición supervisada hacia un nuevo modelo económico.

La reconstrucción de PDVSA y el papel de las petroleras estadounidenses

La infraestructura petrolera de Venezuela, deteriorada por décadas de falta de inversión, es el próximo gran objetivo del plan de la Casa Blanca. Trump ha manifestado que empresas como Chevron, que ya mantenía operaciones bajo licencias especiales, junto a gigantes como ExxonMobil y ConocoPhillips, serán piezas fundamentales para «arreglar» la industria. La estrategia contempla una inversión masiva para modernizar refinerías y oleoductos, transformando a Venezuela nuevamente en un productor de primer nivel. Al asumir el control de las ventas de petróleo de manera indefinida, el gobierno estadounidense busca crear un entorno seguro para el capital privado. Esta fase de reconstrucción técnica es vista por Washington como el motor que permitirá a la nación recuperar su solvencia, mientras se utiliza el suministro de crudo pesado para alimentar el complejo sistema de refinación del Golfo de México, reduciendo la dependencia de otros proveedores internacionales menos estables.

Impacto en el mercado global y el futuro de la transición

El anuncio de que Estados Unidos extraerá petróleo venezolano durante años ha generado una caída inmediata en los precios del crudo Brent, reflejando la expectativa de una mayor oferta en el mercado mundial. Trump ha reiterado que esta intervención es «un gran negocio para el país», asegurando que Venezuela solamente comprará productos estadounidenses con los ingresos obtenidos de sus exportaciones. En este escenario de 2026, la diplomacia del petróleo se convierte en la herramienta principal para la estabilización regional. Mientras el gobierno interino en Caracas colabora estrechamente con el Secretario de Estado, Marco Rubio, el mundo observa cómo la administración Trump redefine la geopolítica energética. La meta final es clara: utilizar la riqueza natural del suelo venezolano no solo para su propia recuperación, sino como un pilar estratégico que fortalezca la seguridad energética de los Estados Unidos en el largo plazo.

 

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