El Louvre cierra salas tras una nueva inundación y agrava su crisis

El Museo del Louvre, el recinto cultural más visitado del mundo, atraviesa uno de sus momentos más críticos tras registrarse una nueva inundación este viernes 13 de febrero de 2026. La rotura de una tubería en el histórico palacio parisino ha obligado al cierre inmediato de varias áreas, afectando principalmente a la Sala Cuadrada, que alberga las invaluables colecciones de la Grecia preclásica. Este incidente no es un hecho aislado, sino que se suma a una preocupante secuencia de fallas estructurales que han puesto en jaque la seguridad del patrimonio artístico. Aunque la dirección del museo ha activado protocolos de emergencia para redirigir al público hacia otras alas, la recurrencia de estas averías en infraestructuras obsoletas ha encendido las alarmas sobre el estado real de conservación del edificio.

Infraestructura obsoleta: el gran desafío del patrimonio francés

La crisis actual del Louvre va más allá de un simple escape de agua; es el síntoma de una obsolescencia inquietante que la propia directora, Laurence des Cars, ha denunciado anteriormente. Este desastre técnico se produce apenas unos meses después de que otra filtración dañara cientos de documentos en la biblioteca de antigüedades egipcias, evidenciando que los sistemas de fontanería y climatización han superado su vida útil. A pesar de los planes de reforma ambiciosos anunciados por el Elíseo, la ejecución de las obras parece no llegar a tiempo para evitar incidentes que ponen en riesgo directo piezas de valor incalculable. La vulnerabilidad de las salas ante la rotura de redes hidráulicas antiguas subraya la necesidad urgente de una inversión masiva que trascienda los parches temporales y garantice la integridad del museo a largo plazo.

Un «annus horribilis» marcado por robos, huelgas y fallas técnicas

Este nuevo cierre por inundación agrava la profunda crisis de reputación y operativa que arrastra la institución desde finales de 2025. Al deterioro físico del inmueble se suman el histórico robo de joyas de la Corona ocurrido en octubre pasado y las constantes huelgas del personal, quienes protestan por condiciones laborales precarias y la falta de recursos para seguridad. El Louvre se encuentra en una encrucijada donde la presión de recibir a nueve millones de visitantes anuales choca frontalmente con una estructura que, según expertos, se está desmoronando. La combinación de estos factores —inseguridad, huelgas y desastres técnicos— dibuja un panorama incierto para el ícono parisino, que ahora debe luchar no solo por restaurar sus tuberías, sino por recuperar la confianza del mundo en su capacidad para custodiar la historia de la humanidad.

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