El nombre de Alex Honnold quedó grabado en la historia tras escalar El Capitán, en Yosemite, sin cuerdas ni protección alguna (modalidad free solo). Sin embargo, más allá de su fuerza física, lo que ha cautivado a la comunidad científica es su aparente inmunidad al terror. Un estudio neurocientífico realizado mediante resonancia magnética funcional (fMRI) reveló datos asombrosos sobre su arquitectura cerebral. Los investigadores descubrieron que la amígdala de Honnold, el centro del cerebro responsable de procesar las amenazas y activar la respuesta de miedo, permanece prácticamente inactiva ante estímulos que aterrorizarían a cualquier persona promedio. Mientras que un escalador normal mostraría una actividad frenética en esta región al mirar un abismo de 900 metros, el cerebro de Honnold procesa la altura no como una amenaza mortal, sino como un simple dato técnico del entorno.
La amígdala y el umbral de estimulación en el cerebro extremo
El estudio, liderado por la neurocientífica cognitiva Jane Joseph, sugiere que el cerebro de Honnold no carece de amígdala, sino que esta requiere un umbral de estimulación extraordinariamente alto para reaccionar. Para Alex, las imágenes de accidentes, muertes o alturas extremas no generan la respuesta química de «lucha o huida» que paraliza al resto de los seres humanos. Esta característica le permite mantener una ejecución motora perfecta en situaciones donde el pánico nublaría el juicio. No se trata simplemente de valentía, sino de una diferencia biológica en la forma en que su sistema nervioso interpreta el riesgo. Su cerebro ha sido descrito como un órgano que ha «desaprendido» el miedo primario, permitiéndole operar con una calma quirúrgica mientras sus dedos se aferran a una pequeña grieta de granito a cientos de metros del suelo.
¿Genética o entrenamiento? La plasticidad cerebral detrás del mito
A pesar de los hallazgos biológicos, surge una pregunta clave: ¿Nació Honnold con este cerebro o lo construyó a través de la exposición? La ciencia apunta a una combinación de ambos factores, resaltando la plasticidad cerebral. Durante décadas, Alex se ha sometido de forma voluntaria a situaciones de alto riesgo, lo que probablemente ha «domesticado» su respuesta emocional. Este entrenamiento mental, sumado a una predisposición genética hacia la baja reactividad emocional, ha creado al escalador perfecto. Para Honnold, el miedo no es una emoción que lo domina, sino una señal de baja intensidad que él utiliza para revisar su preparación técnica. Al final, su cerebro es un testimonio de hasta dónde puede llegar el ser humano cuando la disciplina física y la singularidad neurológica se alinean para desafiar las leyes de la supervivencia.




