En su primer discurso oficial como presidenta encargada de Venezuela, tras los drásticos cambios políticos ocurridos este enero de 2026, Delcy Rodríguez descartó cualquier tipo de injerencia extranjera en la toma de decisiones del país. En una alocución transmitida desde el Palacio de Miraflores, Rodríguez enfatizó que, a pesar de los acuerdos energéticos alcanzados con Washington y la presencia de misiones internacionales de observación, la autodeterminación sigue siendo el pilar fundamental de su gestión. «Solo Venezuela gobierna a su pueblo», sentenció la mandataria interina, buscando calmar las tensiones dentro de los sectores nacionalistas que ven con recelo el reciente acercamiento con la administración de Donald Trump. Este pronunciamiento marca una línea clara en su gobierno de transición: cooperar en materia económica y petrolera para estabilizar la nación, pero manteniendo el control absoluto sobre las instituciones políticas y la seguridad interna.
Entre la cooperación y la autonomía: El equilibrio del 2026
La postura de Rodríguez se produce en un contexto de alta complejidad, donde la necesidad de inversión extranjera para recuperar el sistema eléctrico y la industria del crudo parece chocar con el discurso de independencia absoluta. No obstante, la presidenta encargada ha sido hábil al separar la asistencia técnica de la tutela política. Al asegurar que «las decisiones de Estado se toman en Caracas y no en el extranjero», Rodríguez intenta consolidar su liderazgo ante las fuerzas militares y las bases políticas remanentes, quienes exigen que el proceso de reconstrucción no se convierta en una entrega de soberanía. Los analistas sugieren que este discurso es una herramienta de negociación interna para unificar al país bajo un mando civil transitorio, mientras se gestionan los complejos compromisos adquiridos con las petroleras estadounidenses para reanudar las exportaciones masivas hacia el norte.
El futuro de la transición: Seguridad jurídica sin tutelaje
Para los mercados internacionales y los gobiernos aliados, el mensaje de «solo Venezuela gobierna a su pueblo» es interpretado como un llamado al respeto mutuo y a la seguridad jurídica. Delcy Rodríguez ha dejado claro que su administración no aceptará dictámenes externos sobre la estructura del Estado, aunque sí está abierta a reformas que faciliten la transparencia económica. Este equilibrio será vital para el éxito de la transición durante el resto de 2026, ya que el país necesita proyectar estabilidad para atraer los capitales que Donald Trump ha prometido movilizar. Mientras el proceso de liberación de presos extranjeros avanza como gesto de buena voluntad, el discurso de soberanía de Rodríguez actúa como un blindaje político necesario para navegar las aguas de la reconstrucción nacional sin perder la identidad institucional que el país reclama en este nuevo amanecer democrático.




