En 2025, la computación cuántica se ha convertido en una competencia estratégica entre China, Estados Unidos y Europa, con implicaciones que van más allá de la ciencia. China lidera en volumen de publicaciones y patentes, con una red de comunicación cuántica que supera los 12.000 km, impulsada por una estrategia estatal de autonomía tecnológica. EE.UU., por su parte, destaca en calidad investigadora y ecosistema empresarial, con gigantes como IBM, Google y Microsoft respaldados por más de 2.700 millones de dólares en inversión pública. Europa avanza con un enfoque cooperativo, apostando por proyectos como Quantum Flagship y Quantum Delta NL, aunque enfrenta desafíos para competir en fabricación de hardware.
Inversión, talento y geopolítica marcan la carrera tecnológica que podría redefinir la economía global
La computación cuántica promete transformar sectores como la ciberseguridad, medicina, energía y logística, pero también plantea riesgos como la vulnerabilidad de sistemas de cifrado actuales. El liderazgo en esta tecnología podría redefinir el equilibrio de poder internacional, y por eso las potencias invierten en formación, infraestructura y regulación. Mientras startups recaudan miles de millones y universidades lanzan másteres especializados, el reto será garantizar que los beneficios sean equitativos y no generen una nueva brecha tecnológica global. La carrera cuántica ya está en marcha, y sus consecuencias apenas comienzan a vislumbrarse.