En 2025, la figura del CEO activista se consolida como símbolo de un liderazgo más humano, transparente y comprometido. Lejos de limitarse a la gestión interna, muchos líderes empresariales toman postura pública sobre temas como el cambio climático, la equidad de género, los derechos LGBTQ+ o la justicia racial. Casos como el de Tim Cook (Apple), Marc Benioff (Salesforce) o Ana Botín (Santander) demuestran que el posicionamiento ético puede fortalecer la reputación corporativa y conectar emocionalmente con empleados, clientes y comunidades. Este fenómeno responde a una demanda creciente de consumidores y generaciones como los millennials, que valoran empresas con propósito y líderes que no temen al debate público.
Los líderes empresariales asumen posturas públicas sobre temas sociales, redefiniendo el rol corporativo en el debate global
Además, el activismo empresarial se convierte en una estrategia de diferenciación y legitimidad. Los CEO utilizan redes sociales, medios de comunicación y alianzas institucionales para influir en políticas públicas, promover causas sociales y generar impacto más allá del negocio. Aunque implica riesgos reputacionales, estudios revelan que el activismo bien gestionado mejora la percepción de marca y fideliza audiencias. En esta nueva era, el liderazgo corporativo no se mide solo por resultados financieros, sino por la capacidad de construir un mundo más justo desde la cúspide empresarial.