El gran apagón eléctrico del 28 de abril de 2025 afectó a España, Portugal, partes del sur de Francia y Andorra, dejando sin suministro a más de 55 millones de personas. El colapso comenzó con una pérdida masiva de generación en instalaciones solares, seguida de una caída abrupta de frecuencia que activó desconexiones automáticas y aisló la Península Ibérica del resto de Europa. La falta de inercia en sistemas dominados por energías renovables impidió amortiguar el desequilibrio, provocando una cascada de fallos en segundos. Este evento evidenció la fragilidad de las redes eléctricas modernas ante perturbaciones técnicas y la necesidad urgente de reforzar la infraestructura energética.
El colapso energético del 28 de abril expone vulnerabilidades críticas y genera pérdidas multimillonarias
Las consecuencias económicas fueron devastadoras: más de 2.000 millones de euros en pérdidas por parálisis industrial, cancelación de vuelos, cierre de comercios y caída de sistemas financieros. El transporte público colapsó, las telecomunicaciones se interrumpieron y los hospitales dependieron de generadores de emergencia. En respuesta, el gobierno español autorizó 283 nuevos proyectos de energías renovables y medidas de protección avanzada para evitar futuras crisis. Este apagón no solo fue un fallo técnico, sino una llamada de atención sobre la resiliencia energética en plena transición ecológica. Europa debe modernizar sus redes para enfrentar un futuro más interconectado y exigente.