En 2025, cada vez más empresas están adoptando la semana laboral de cuatro días como parte de una transformación profunda en la cultura organizacional. Compañías como Microsoft Japón y Perpetual Guardian en Nueva Zelanda han reportado aumentos de hasta 40% en productividad y mejoras significativas en la salud mental de sus empleados. El modelo “100-80-100” —100% de salario, 80% de tiempo, 100% de productividad— se ha convertido en referencia global, demostrando que trabajar menos no significa rendir menos. Además, estudios recientes en más de 140 empresas revelan que la reducción de jornada disminuye el estrés, mejora la calidad del sueño y fortalece el compromiso laboral.
Empresas en Europa, EE.UU. y Nueva Zelanda prueban el modelo con resultados prometedores en eficiencia y bienestar
Sin embargo, no todo es ideal. Sectores como salud, comercio y manufactura enfrentan dificultades operativas para aplicar este esquema sin afectar la atención continua. También persisten dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo y el impacto en pequeñas empresas con márgenes ajustados. Aun así, el debate se intensifica: ¿es esta una revolución laboral o una utopía difícil de escalar? Lo cierto es que la semana de cuatro días ya no es solo un experimento, sino una estrategia competitiva que redefine el equilibrio entre productividad, bienestar y eficiencia empresarial.