La historia de nuestros orígenes ha dado un giro inesperado en enero de 2026 tras la publicación de un estudio en la revista Nature. Un equipo internacional de investigadores ha revelado que una serie de fósiles desenterrados en Marruecos son los primeros de un periodo poco comprendido de la evolución humana, específicamente de la transición entre el Pleistoceno temprano y medio. Los restos, hallados en la cantera Thomas I de Casablanca, consisten en tres mandíbulas, dientes y vértebras que datan de hace aproximadamente 773.000 años. Este descubrimiento es vital porque rellena un vacío de conocimiento sobre los homínidos que vivieron justo en el momento en que el linaje de los humanos modernos comenzaba a diferenciarse de sus primos, los neandertales y los denisovanos, posicionando al norte de África como un escenario central en la génesis de nuestra especie.
Rasgos híbridos: Entre el Homo erectus y el hombre moderno
Lo que hace que estos restos sean extraordinarios es su morfología única, la cual combina características arcaicas con rasgos sorprendentemente avanzados. Según los expertos liderados por Jean-Jacques Hublin, estos fósiles desenterrados en Marruecos muestran una mezcla de la robustez propia del Homo erectus con detalles dentales que ya prefiguran al Homo sapiens. El análisis magnetoestratigráfico, que aprovechó una antigua inversión del campo magnético terrestre para precisar la fecha, confirma que estos individuos habitaban la región cientos de miles de años antes de lo que se creía posible para homínidos tan evolucionados. Al pertenecer a un periodo poco comprendido de la evolución humana, estos especímenes sugieren que la diversificación regional entre África y Europa ya estaba en marcha mucho antes de la aparición formal de los humanos modernos, desafiando la hegemonía de hallazgos europeos como el Homo antecessor de Atapuerca.
El Magreb como cuna: Reescritura de la geografía evolutiva
Este hallazgo no solo aporta huesos al registro fósil, sino que reescribe el mapa de la prehistoria global al confirmar que el Magreb no fue una zona periférica, sino un motor de innovación biológica. El hecho de que estos fósiles desenterrados en Marruecos sean los primeros de un periodo poco comprendido permite a los científicos trazar una línea evolutiva más clara que conecta a los ancestros africanos con los restos de Jebel Irhoud (de 315.000 años). La importancia de Casablanca en 2026 radica en que ofrece el «mejor candidato» hasta ahora para ser el último ancestro común de los linajes humanos actuales. Mientras las excavaciones continúan, la comunidad científica internacional coincide en que África del Norte guarda las respuestas definitivas sobre cómo y cuándo dejamos de ser homínidos arcaicos para convertirnos en los seres humanos que somos hoy.




