El comercio internacional es una de las bases del crecimiento económico moderno. A través del intercambio de bienes, servicios y capital entre países, las economías pueden acceder a productos que no producen localmente, aprovechar ventajas comparativas y aumentar su competitividad.
Entre las principales ventajas del comercio exterior se encuentran la especialización productiva, la expansión de mercados, la generación de empleo y el acceso a tecnología y conocimientos. Además, fomenta la cooperación entre países y puede contribuir a mejorar las relaciones diplomáticas.
Sin embargo, también existen desafíos importantes. La competencia internacional puede afectar a sectores productivos locales que no están preparados para enfrentarla. Además, las crisis económicas o los conflictos geopolíticos pueden interrumpir las cadenas de suministro globales, como se evidenció durante la pandemia del COVID-19.
Otro tema clave es el desequilibrio comercial. Algunos países acumulan grandes superávits mientras otros enfrentan déficits persistentes, lo que puede generar tensiones económicas. Por eso, los tratados de libre comercio y los organismos multilaterales, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), son fundamentales para establecer reglas claras y equitativas.