En la década de los noventa, Apple atravesaba uno de los momentos más complicados de su historia. Para expandir el alcance del sistema operativo Mac OS, la compañía decidió permitir licencias a otros fabricantes de computadoras, dando origen a los llamados “Mac Clones”. Estas máquinas, producidas por empresas como Power Computing y Motorola, ofrecían una alternativa más económica a las computadoras oficiales de Apple, pero con el mismo software. Al principio, la idea parecía prometedora: aumentaba la base de usuarios y la marca se mantenía presente en un mercado dominado por Microsoft. Sin embargo, la medida tuvo un efecto colateral devastador: las ventas de los propios ordenadores Apple comenzaron a caer, pues los clónicos ofrecían mejor rendimiento a un precio menor.
El auge de los clónicos y la estrategia que casi cambia el futuro de la compañía
Fue entonces cuando Steve Jobs regresó a la compañía en 1997 y tomó una de sus decisiones más polémicas: acabar con los contratos de licencias que permitían la existencia de los clones. Para Jobs, la estrategia no solo debilitaba la rentabilidad de Apple, sino que también erosionaba su identidad de marca. Su filosofía era clara: Apple debía controlar tanto el hardware como el software para garantizar una experiencia única. Esta visión marcó un punto de inflexión en la historia de la empresa, ya que permitió concentrar esfuerzos en productos propios que más tarde revolucionarían la industria, como el iMac, el iPod y, eventualmente, el iPhone.
La desaparición de los “Mac Clones” fue vista en su momento como una jugada arriesgada, pero con el tiempo se convirtió en uno de los movimientos estratégicos que salvaron a Apple de la bancarrota. Mientras muchos analistas creían que la apertura era la única manera de competir con Windows, Jobs apostó por la diferenciación y el control total del ecosistema. Hoy, esa decisión explica en parte el éxito del modelo cerrado de Apple, que prioriza la integración perfecta entre hardware y software frente a la variedad del mercado. La historia de los clones es, en definitiva, una lección de cómo una empresa puede redefinir su camino al apostar por la coherencia y la innovación en lugar de la imitación y la competencia interna.