El panorama político en Venezuela ha alcanzado un nuevo pico de tensión internacional tras las recientes declaraciones de altos funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos. En un mensaje directo y contundente, la administración estadounidense ha advertido a Diosdado Cabello, actual figura clave del chavismo, que su situación jurídica y política podría seguir el mismo rumbo que la de Nicolás Maduro. Esta advertencia surge en un contexto de presión máxima, donde las autoridades norteamericanas reiteran que las investigaciones por narcotráfico y violaciones a los derechos humanos no prescriben. Para Washington, Cabello representa uno de los pilares del control institucional en el país caribeño, y al situarlo bajo la misma lupa que al mandatario, se busca fracturar la cohesión del círculo de poder interno, dejando claro que no habrá inmunidad para quienes sostengan el actual orden de cosas en Caracas.
El peso de las sanciones y la justicia internacional
La advertencia de que Cabello podría «correr la misma suerte que Maduro» hace alusión directa a la recompensa de 15 millones de dólares que pesa sobre el presidente venezolano y a los cargos judiciales en tribunales de Nueva York y Florida. Durante años, Estados Unidos ha recopilado expedientes que vinculan a la cúpula militar y política con redes de tráfico de influencias, lo que ha derivado en una asfixia financiera a través de sanciones individuales y sectoriales. Este nuevo aviso subraya que el escrutinio sobre Cabello se ha intensificado, especialmente tras su reciente ascenso en funciones estratégicas dentro del gabinete. La estrategia de la Casa Blanca parece ser la de recordar permanentemente que los mecanismos de justicia transnacional están activos, utilizando la figura del «Common Law» y la cooperación internacional para cercar los movimientos financieros y los apoyos logísticos de las figuras más visibles del oficialismo.
Un escenario de incertidumbre para la cúpula venezolana
El impacto de estas declaraciones resuena con fuerza en los pasillos de Miraflores, donde la respuesta ha sido una retórica de resistencia y soberanía. Sin embargo, analistas internacionales sugieren que este endurecimiento del discurso por parte de Estados Unidos busca forzar una negociación real o incentivar deserciones dentro de las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Al equiparar el destino de Cabello con el de Maduro, se elimina cualquier posibilidad de una «salida negociada» diferenciada para el ala radical del gobierno. En este ajedrez geopolítico, la Casa Blanca utiliza la presión judicial como una herramienta de política exterior, enviando un mensaje claro a los aliados internacionales del gobierno venezolano: el compromiso con el cambio democrático es innegociable. El futuro de la dirigencia chavista se encuentra ahora en un punto de no retorno, bajo la sombra de procesos judiciales que marcan el ritmo de la diplomacia en la región.




