Desde la muerte de Steve Jobs en 2011, su viuda, Laurene Powell Jobs, ha asumido una responsabilidad que va más allá de la simple administración de una fortuna. Heredera de un patrimonio compuesto principalmente por acciones de Apple y Disney, Powell Jobs ha sido noticia recientemente al confirmarse que ya ha destinado cerca de la mitad de esa herencia a diversas causas. Su filosofía es clara y disruptiva: «No me interesa acumular riqueza», ha declarado en múltiples ocasiones. Para ella, el dinero es una herramienta para el cambio social y no un activo que deba pasar de generación en generación. A través de su organización, Emerson Collective, está cumpliendo el compromiso de utilizar los recursos generados por el genio de la tecnología para abordar problemas estructurales en la educación, la inmigración y el medio ambiente.
Emerson Collective: El brazo ejecutor de una filantropía agresiva
La reducción del patrimonio de Powell Jobs no se debe a gastos suntuosos, sino a una estrategia de inversión social masiva. A diferencia de las fundaciones tradicionales, Emerson Collective opera como una sociedad de responsabilidad limitada, lo que le permite mayor flexibilidad para financiar tanto proyectos sin fines de lucro como empresas emergentes que buscan un impacto positivo. Laurene ha invertido miles de millones en la reforma del sistema educativo de Estados Unidos, ha adquirido medios de comunicación históricos como la revista The Atlantic para proteger el periodismo independiente y ha destinado más de 3.500 millones de dólares a combatir la crisis climática. Esta forma de «filantropía de impacto» busca que la herencia de Steve Jobs no se quede estancada en un fondo bancario, sino que circule y transforme la sociedad de manera tangible y urgente.
Un legado que termina con ella: El fin de la «riqueza dinástica»
Uno de los puntos más polémicos y admirados de su gestión es la decisión de no dejar una herencia billonaria a sus hijos. Laurene Powell Jobs sostiene que la acumulación masiva de riqueza es perjudicial para la democracia y para el propio desarrollo de los individuos. Al gastar activamente la fortuna de Apple, está asegurando que el ciclo de riqueza creado por Steve Jobs se cierre con un beneficio social máximo. «Mi objetivo es distribuir estos recursos de forma inteligente», afirma, subrayando que su esposo compartía la visión de que el dinero debía servir para empujar a la humanidad hacia adelante. Al ritmo actual de donaciones e inversiones estratégicas, se espera que el legado financiero de Jobs se convierta por completo en un legado de cambio social para finales de la próxima década, cumpliendo así la misión final de una de las parejas más influyentes de la era moderna.




